No puedo dejar de llorar
Por casualidades de la vida, mi amiga y admirada Laura García me puso en contacto con NACE para hacer alguna colaboración en su web. A partir de ahí, he estado en contacto con Carmen Cabestany, su Presidenta, para ir actualizando y manteniendo noalacoso.org y hispaniasuma.org.
Debo confesar que el problema del acoso escolar nunca me ha llamado mucho la atención. Siempre pensé que era un problema marginal y también controlado. Y que, en pleno siglo XXI, habría mecanismos automáticos que solucionaran o al menos aliviaran el sufrimiento de las víctimas del bullying.
¡¡¡Pero no!!! ¡¡¡Nada más lejos de la realidad!!! Las estadísticas de acoso escolar en España y en el mundo son estremecedoras. Merecería la pena decretar una alarma mundial, una alarma mucho más grave que la producida por la pandemia del coronavirus. Porque el porcentaje de niños que están sufriendo bulliyng es infinitamente superior al porcentaje de personas que está sufriendo la covid19.
Desde que me informé de estas estadísticas no puedo dejar de pensar en la banalidad de las instituciones, de los políticos, de las organizaciones de todo tipo que funcionan en todos y cada uno de los países del mundo. Ninguna de esas instituciones sirve para nada si no afrontan el problema del acoso escolar de frente y sin tregua.
Pero lo que ya me ha hecho dar el paso definitivo para entregarme sin excusas a esta causa han sido los recientes suicidios de Kira, Laura, Ilan y Oscar. Mi corazón ha dado un vuelco viendo los testimonios de sus familias. No soy capaz de entenderlo. Unos niños preciosos, que deberían haber sido extremadamente felices en una sociedad avanzada y con valores muy respetuosos con la vida y la libertad. Pero ni Kira, ni Laura, ni Ilan, ni Oscar han visto otra salida que no sea quitarse de en medio. La sociedad, el sistema educativo, las instituciones y todos nosotros hemos fracasado gravísimamente. No consigo explicarme cómo hemos sido tan incapaces de proteger a nuestra infancia.
Por eso, veo las fotos de Kira, de Laura, de Ilan y de Oscar y no puedo evitar que mi rostro se cubra de lágrimas. Lo siento en el alma, perdón.



